Atari (5ª parte) : El nuevo orden



Jack Tramiel había llegado a Atari. Su batuta no tardó en hacerse notar en forma de nuevos proyectos, campañas publicitarias bien dirigidas y un sano y sincero deseo de reflotar al gigante. La estrategia estaba muy clara. Liquidar todas las existencias para recapitalizar la empresa y dedicar todos estos recursos y esfuerzos en los proyectos que seguían pendientes en las mesas de desarrollo. Atari había vuelto y para demostrarlo al mundo nada mejor que presentarse al Consumer Electronic Show de 1985 con novedades bajo el brazo.

Pero antes de la llegada del CES en Chicago aquel verano, la empresa ya había dado muestras de vida. La sección de computadores lanzó la esperadísima actualización de los sistemas de 8 bits materializada en la línea XE, encargada de sustituir los viejos modelos XL que ya llevaban un par de años en el mercado.

Parece ser que los XE (65XE y 130XE) fueron denominados  con tan peculiares numeraciones debido a que el uso de la cantidad de RAM para identificar a sus máquinas era por aquel entonces una particularidad de los Commodore, con lo que al amigo Tramiel no se le ocurrió otra idea que sumar “1” los 64KB del modelo menor y a partir de ahí duplicar el nombre para su hermano de 128KB. De este modo, se conseguía además la sensación de máquinas superiores a las de la competencia. Ya ves tú. Todo un lumbreras nuestro Jack.

Atari 65 XE.
 Estas máquinas venían con un sistema operativo incorporado en la ROM y un diskette (Translator Disk) que cargaba el viejo sistema operativo de las series 400 y 800 (de 1979), el Os Rev.B - 10K ROM (3 chips), por si el computador experimentaba algún tipo de problema de compatibilidad con programas antiguos.

Y así, poco a poco llegó el esperado Consumer Electronic Show. Y con él, el desembarco de la nueva e ilusionante ATARI. El gigante traía debajo del brazo una serie de presentaciones con las que esperaba regresar a la posición predominante que jamás debería haber abandonado.

El problema de estas presentaciones... pues que la primera de ellas fue ni más ni menos que una remodelación de la vetusta Atari 2600. Así es, señoras y señores, una consola de 1977 que parecía dispuesta a sobrevivir a sus descendientes una y otra vez. Amparándose en su brutal catálogo, la 2600 seguía vendiendo bastante bien allá por 1985 independientemente de haber sido ya superada en todos sus apartados técnicos.

El nuevo restyling recibió el nombre de 2600Jr (1986), un súper competitivo precio de 50$ y una carcasa preciosa que la ponían a la vanguardia en la pasarela de las consolas. Una hermosura que, si bien llegaba a las tiendas dos años tarde (ya sabemos cómo eran estos de Atari), lo hacía por la puerta grande y como una fuente de ingresos, cada vez menores lógicamente, suficiente para mantenerla en producción. La Atari 2600Jr. fue el último gran rediseño de este mito. Abuela de las consolas modernas. Su leyenda se extendió hasta ese fatídico primero de enero de 1992 en que oficialmente se detuvo la producción. Su legado a lo largo de los catorce años y dos meses de vida (récord de duración en el mercado todavía imbatido): Más de treinta millones de unidades vendidas, innumerables joyas del videojuego en sus catálogo y cientos de anécdotas, leyendas y mitos. Pero por encima de todo, cautivó para siempre el corazón de millones de jugones que hoy en día se ríen a carcajada limpia cuando les viene alguien hablando de “guerras de consolas”. Si hay un tótem que todos deberíamos adorar en esto de los videojuegos, su nombre es Atari 2600.

¿Bonita eh?
La segunda presentación de la empresa fue una nueva consola venida a suceder a la 5200 y destinada a competir con el resto de sistemas de 8 bits, a saber:  Intellivision, Colecovisión, Master System y NES.

La Atari 7800 (lanzada finalmente en 1986) contaba como arma principal con una más que valorable retrocompatibilidad con el catálogo de la sempiterna 2600, pero a su vez se veía lastrada por el enorme hándicap de no contar con el apoyo de las compañías desarrolladoras de videojuegos. Su presentación dejó demasiado claro al mundillo videojueguil que la compañía estaba sola en este nuevo proyecto, si bien la acompañaron en su lanzamiento juegos como Joust, Ms. Pacman y Asteroids Deluxe, al final de su vida útil se quedó en unos tristísimos 49 títulos para el territorio PAL. 

Un gran diseño para una gran consola. Lástima que se quedara en nada.
Es de todos sabido que la ATARI 7800 no ha pasado a la historia como una de las grandes consolas. Llegó tarde y sin músculo en forma de catálogo, y aunque al final de su vida útil (cinco años después) consiguió arrancar unos dignos  tres millones de unidades vendidas del pastel que SEGA y NINTENDO se disputaban ferozmente, no deja de ser curioso que fuera enterrada por su compañera de aventuras 2600.

Por último, pero no por ello menos importante, se presentó el nuevo computador de 16 bits. Esto sí era una gran noticia. En apenas unos meses desde su llegada a la empresa, Jack Tramiel se las había ingeniado para preparar una nueva generación de computadoras de 16 bits.

La serie ST (de Sixteen/Thirty-Two, procesador de 32 bits con buses externos de 16 bits), se autoproclamó desde el primer momento como principal rival de Macintosh gracias, sobre todo, a su interfaz MIDI de serie, su potencia en temas de autoedición, sus posibles expansiones y su competitivo precio de salida. No en vano recibió enseguida el sobrenombre de Jackintosh. Mucho más ingenioso que los actuales WoW killer o Halo killer, desde luego.

Serie ST.
ST fue sin duda una exitosa serie que prolongó su vida a lo largo de continuas revisiones hasta bien entrada la década de los noventa alcanzando unas ventas totales superiores a los seis millones de unidades. Números meritorios si tenemos en cuenta que hubo de enfrentarse a los todopoderosos Mac en el ámbito más profesional, y a los populares Commodore Amiga (presentados, casualmente, en el mismo evento).

Resulta curioso el hecho de que en 1987 Atari se encontrara en plena guerra de computadoras con Apple, recordemos que Steve Jobs ofreció a Bushnell ser socio capitalista de su empresa unos años antes; y con Amiga, fundada por Jay Miner, ex empleado de Atari y que unos meses antes de ser absorbida por Commodore (que vio rápidamente el potencial de su ordenador de 16 bits), había estado muy a punto de licenciar su producto para nuestra compañía protagonista. ¡Atari y su santa manía de dejar pasar las grandes oportunidades que el mundo le presentaba!

¡Mira quién ha vuelto!
Corría 1988  cuando Atari contrata a Axlon para desarrollar una última hornada de juegos para la 2600. El primero de ellos fue Secret Quest, que destaca principalmente porque venía firmado ni más ni menos que por el mismísimo Nolan Bushnell. Obviamente Bushnel no había programado nada en aquel juego, pero como Axlon era su nueva empresa, y su nombre se cotizaba tremendamente bien en el sector, no dudaron en utilizarlo de gancho a la hora de comercializar sus juegos. El Genio, de un modo u otro había regresado en el ocaso de su creación para acompañarla en sus últimos días.

Más o menos por aquella época, Jack Tramiel, que ya se consideraba a si mismo un tipo amortizado, delega todo su poder en su hijo Sam, que pasa así a dirigir el destino de tan emblemática casa.


Sam Tramiel. La segunda entrega de la saga.

 El caso es que el mismo equipo que desarrolló los Amiga, se encontraba trabajando en el año 1988 en una empresa del sector llamada Epyx (seguro que a alguien le suena). Su nuevo diseño era un hardware espectacular, ¡la primera consola portátil de la historia a color!
Ahora sí que no iban a dejar pasar la oportunidad. Sam Tramiel lo vio claro. Atari lo compró todo: Hardware (que pasaría a llamarse Atari Lynx)  y juegos desarrollados para el mismo por la propia Epyx, y se enfrascó en... en... la verdad, no se sabe bien en qué, pero el caso es que Nintendo lanzó su famosa Game Boy a mediados de 1989, con unas prestaciones a años luz del maquinón que tenían entre manos nuestros protagonistas. Atari, fiel a sus costumbres, no llegó en condiciones a la campaña navideña. Con un precio elevadísimo, una duración de las pilas de apenas tres horas, un tamaño tal vez desproporcionado para ser portable y una campaña de marketing que nadie recuerda haber visto, Atari se la pegó teniendo entre manos la, posiblemente, mejor consola que nadie había soñado hasta entonces.

Ojito con las babas, que estropeáis el parquet
En 1990 llegó a las tiendas Sega Game Gear, y de nada sirvió la revisión en forma de Atari Lynx II que paliaba los defectos iniciales de diseño que tenía la prematura versión comercializada. Ya fue tarde. El penúltimo tren del gigante americano acababa de abandonar su estación. 

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